miércoles, 22 de junio de 2011

INDIA: MITO Y REALIDAD


VARANASI.
Realidad: el calor. Tuvimos durante toda la estadía temperaturas que pisaban o sobrepasaban los 40 grados. Cuando me bajé del avión al mediodía, en esa pista desierta, sentí estar dentro de un secador de peluquería gigante, con un viento caliente que me daba en la cara, que me sofocaba. Sabía que India no iba a ser fácil para mí.
Nuestro primer destino fue Varanasi, ciudad sagrada  para los indios (o indúes, todavía no me queda claro) y ubicada a orillas del ganges. Fue lo más chocante que pude ver de este país. Contribuyó a ello que fue el primer destino que visitamos . De todos modos me quedé con gusto a poco ya que solo estuvimos una tarde y una mañana allí.
El día que llegamos pudimos pasear  algunas cuadras en una especie de tuk tuks, que en realidad eran unas bicicletas acondicionadas con asientos en la parte de atrás, conducidas por unos hombrecitos, muy escualidos.
El hecho de usar la tracción humana no me hacía mucha gracia, pero decidí subirme igual porque el paseo ya estaba pago por la agencia. La cuidad, y el transito son bastante caóticos, muchas vacas  y gente caminando por la calle, perros recontraflacos, carros, bicis, motos, todo mezclado.
Nos levantamos muy temprano en la mañana, antes de las cuatro. El amanecer en Varanasi, con la ciudad despertando, cuando el sol todavía no había terminado de salir fue movilizante. Se podía decir que la temperatura era agradable (para lo que suele ser  el resto del día) y además corría una brisita porque estabamos frente al río Ganges. Vimos como mucha gente se bañaba o se mojaba, o tomaba de esa agua pues , a su entender, los purifica. Nos explicaban que Ganges significa  diosa del cielo; para los hindúes ella es quien baja al río  a buscar el alma de los que murieron.
Pudimos ver las cremaciones que se hacen en la orilla. Transcurrían como algo totalmente natural, que no llamaba la atención a nadie, como si fuera otra actividad más. Apenas un grupo de familiares que esperaba mientras los cuerpos se cremaban. Las cenizas son arrojadas luego al Ganges.
 También nos contaban que los indúes deben ir por lo menos una vez en la vida al Ganges, si está dentro de sus posibilidades. Hay muchas casas de huéspedes  en las cercanías del río para que la gente se quede, pues viene gente desde todo el país.
La religión hindú me resultó una mezcla de fantasía y sentido común, de creencia y de adaptación de la creencia a lo que ellos desean. Por ejemplo, cuando un niño nace los sacerdotes examinan los astros para predecir el futuro del niño. Si pronostican problemas  dicen frases sagradas hacen ofrendas para poder evitar o solucionar esos problemas.

Me llamó la atención el hecho de que a mujeres y niños no los creman porque sostienen que los niños no tienen religión y las mujeres embarazas (por llevar un niño) tampoco. Los tiran al río directamente sin ser cremados.
 Con respecto a que sensación me dejó India en general... creo que las expectativas influyeron bastante en mi percepción. Yo me esperaba algo aún peor, un lugar super movilizador, chocante.  Eso me pasó en Varanasi pero no tanto en el resto de los destinos que visitamos.Me encontré con una realidad en transformación. Pensé que en India iba a ver una pobreza devastadora, un caos total en las calles, y sin embargo, si bien hay mucha pobreza no fue tan distinta ni tan diferente a la que pudimos ver en Nepal o en Camboya o hasta en Vietnam. Quizá vi más niños trabajando o pidiendo. Lo que más me asombró fue la desigualdad. Hay ciudades como Delhi muy desarrolladas, con gente con mucho dinero, con tremendas autopistas, zonas comerciales, transito ordenado, un aeropuerto imponente y todo lo esperable de una gran ciudad.
Quizá también sea porque siempre estoy comparando en mi cabeza con Uruguay y la pobreza y la miseria no es algo ajeno a nuestro país y en cierta medida uno se “acostumbra” a ver situaciones horribles por más que las deteste. No me asombro  tanto  ver una mujer pidiendo con un niño en brazos o un viejito tirado en alguna esquina, inmutable. Quizá porque ya lo he visto en mi propio país y lo vi también en Camboya y en Nepal.

TURISMO “AVENTURA”: CHITWAN Y POKKARA.



En el camino hacia Chitwan nos detuvimos e hicimos rafting(aclaro que todos en mi bote éramos principiantes). Antes de subirnos a cada bote recibimos las instrucciones: que significaba cada orden, como agarrar los remos, como  sentarnos, que hacer en caso de que el bote se de vuelta o se caiga alguno, etc. El rafting duró 3 horas pero se pasó volando. El instructor era un crá, conocía el río a la perfección, y además se notaba que disfrutaba su trabajo. Para alegría mía (y disgusto del resto) no nos dimos vuelta ni nos caímos fuera del bote. Al final del recorrido ibamos cantando canciones y agitando los remos en el aire, estuvo muy bueno.
Después de eso fuimos al hotel, un hotel mediano, muy lindo. Por lo que se veía, el pueblito depende mucho del turismo, ya que vimos gran cantidad de hoteles en relación al tamaño del pueblito. Por las calles circulaban en igual proporción vehículos y elefantes. Caminamos hasta la orilla del río que quedaba a unas cuadras del hotel y llegamos para ver un  atardecer, pudimos ver incluso un elefante tomando un baño mientras se ocultaba el sol, uno de los tantos que veríamos en Chitwan.
Al día siguiente nos “internamos” en la jungla, dentro del mismo parque, en una parte donde la vegetación es bastante espesa, todo esto a lomo de elefante. Yo iba con Mauge, Nacho y Fer sentados en una especie de canasto colocado sobre el lomo del animal con los pies colgando. Un guía le daba instrucciones al elefante que a nosotros nos resultaban totalmente incomprensibles pero que el animal cumplía a la perfección.
 La inteligencia de estos animales es increíble, por ejemplo cortaba ramas y las usaba a modo de abanico para auyentar a los insectos, para comer vegetación sin tierra, arrancaba pastos y luego los agitaba con la trompa hasta sacarles toda la tierra. Pudimos ver rinocerontes, ciervos y monos (siempre el guía lo vía primero y no indicaba donde mirar), siempre con el sonido de fondo de la selva. Cruzamos incluso un riachuelo donde había un cocodrilo.
 El “safari” fue un  disfrute total, salvo por el acecho de toda clase de insectos (desde los conocidos tábanos hasta otros que no tengo ni  idea), que nos molestaron un poco en el paseo.
Ese mismo día nos bañamos con los elefantes en el río, previa subida “en pelo”; yo estaba en la gloria, tal es así que me subí 2 veces.  Es increíble como esa mole de no se cuantos kilos se echa para que puedas subir y se levanta suavemente. Son animales súper dóciles y adiestrados prácticamente desde que nacen, y por los visto les encanta el agua.
Además anduvimos en canoa- si se le puede llamar así a un tronco aguecado con unos banquitos adentro-. El que guíaba el bote iba ´parado o en cuclillas en la popa de la precaria embarcación. Tenía tan poca estabilidad que cada vez que el hombre remaba parecía que nos ibamos a dar vuelta. No llegamos a ver cocodrilos pero otro grupito que viajaba en otra canoa, tuvo un encuentro cercano con un cocodrilo que quedó para el recuerdo.
Otro paseo que hicimos dentro del parque fue la visita a un criadero de elefantes. Aquí se reproducen y se crían elefantes con el fin de generar “mano de obra” animal para trabajar en parques nacionales y otras actividades; básicamente hay hembras con sus crías, ya que los machos necesarios para la reproducción son salvajes y se acercan al criadero a “realizar su trabajo” y luego se van. Pudimos ver un elefante bebé de 29 días y elefantitos de 3 años muy pero muy lindos.
Perdonen si los aburrí hablando de la fauna de Nepal pero soy bastante bichera.
Del parque nacional de Chitwan nos fuimos a Pokkara para hacer el trekking (que sería algo así como caminata en español) en la montaña y pasar la noche allí. Ya desde la llegada a la ciudad  pudimos ver montañas altísimas
El guía nos explicaba que para ellos montañas son solo  las elevaciones que tienen picos nevados. Es que en este país chiquito están 8 de los 14 picos más grandes del mundo. Para nosotros el más insignificante de sus picos nos parecía una tremenda montaña.

El trekking fue intenso; al principio fueron escaleras y caminos medianamente empinados pero luego se puso más complicado, sobre todo porque el cansancio nos iba ganando. La vista se iba poniendo cada vez mejor. Aunque parezca mentira, vivía bastante gente en todo el trayecto que hicimos. Los niños se nos acercaban a saludarnos, a pedirnos que les sacaramos fotos o que les regalaramos lapiceras o caramelos. Es increíble la capacidad de la gente de adaptarse a vivir en lugares tan inóspitos como este.
 Subimos más de 700 metros en un poco más de 2 horas.
El cansancio y la fatiga valieron la pena; pasamos la noche en la montaña, durmiendo en  carpas y al otro día nos levantamos bien temprano para ver el amanecer y poder contemplar los picos nevados.
Un dato que me impacto es que Nepal es el segundo país con mayor cantidad de agua dulce del mundo después de Brasil….El potencial de este país en cuanto a recursos naturales (y a actividad turística) me dejó de boca abierta. Llama la atención como tanta riqueza en cuanto a recursos y tanta pobreza puedan convivir al mismo tiempo.


jueves, 16 de junio de 2011

NEPAL…UNA POSTAL DESCONOCIDA



KATMANDÚ.

Nepal era uno de los países sobre los que tenía menos preconceptos, me lo imaginaba similar a india, pero nada más. Es pequeño y sin salida al mar pero sin dudas me resultó fascinante. Los recorridos internos de Nepal los hicimos en ómnibus, que si bien fue muy cansador nos permitió contemplar todo desde tierra. La multiplicidad de paísajes, con la montaña siempre presente, es imponente. Infinidad de tonos de verde, cosechas, ríos quebrados y sinuosos,  hicieron que los viajes de carretera me mantuvieran hipnotizada contra la ventana, deslumbrada, sacando fotos. Lo único que empañó el viaje fue la ruta angosta y  al borde del precipicio y la manera de conducir de los nepalíes que no desentonan con la forma de manejar de los asiáticos en gral. Por como manejan pareciera que no tienen apego a la vida o que está en su destino morir o no y que no depende de la manera suicida de manejar.
Vimos varios vehículos chocados o volcados al costado de la carretera, lo que contribuía a aumentar nuestro nerviosismo.
Llegamos a la capital del país desde Bangkok. El aeropuerto era bastante precario, las escaleras mecánicas estaban apagadas, incluso en un momento se cortó la luz. La visa la tramitamos ahí mismo. Ya desde el aeropuerto nos dimos cuenta que el olor a transpiración de los tipos está salado. Evidentemente no usan desodorante, pero además creemos que el olor se agudiza por lo que comen, todo picante y especiado. La ciudad está  entre las montañas, en el valle de Katmandú. Nos explicó el guía que la ciudad crece aceleradamente, más que otras regiones; lo pudimos ver, la ciudad se expande hacia los costados de la montaña. Había montones de casas y edificios en construcción, todos ellos muy precarios, sostenidos por cañas de bambú.
Nepal, al igual que Camboya o Vietnam han tenido conflictos armados bastante recientes. Hasta 2007 existió una monarquía absoluta que termino desencadenando una guerra civil. Actualmente están en una etapa de transición, con una constitución provisoria  y en la espera de elecciones democráticas. Nos explicaron que esa era una de las razones de tanta pobreza.
Llama la atención que ni siquiera los edificios principales, como los de gobierno, son ostentosos. Pasamos por varios ministerios y hasta por la que había sido una residencia real, que no aparentaban serlo.
Se ve mucha menos gente cocinando en la calle, si lo comparo con Thailandia o con cualquiera de los países anteriores por lo que el olor a comida en las calles es mucho menor.
La religión está muy presente en todos los aspectos de la vida. En este país hay una fusión importante de las dos religiones principales, induísmo y budismo.
El budismo, nos explicaron, es más una filosofía que una religión. Buda creía en la purificación del cuerpo, mente y espíritu a través de varios caminos, entre ellos la meditación. Es decir, Buda se fue transformando en una especie de deidad con el paso del tiempo, a la cual sus fieles llevan ofrendas y rezan pero en realidad el no quería que lo vieran de ese modo, no como un dios.
El induísmo en cambio tiene dioses por exceso: 33 millones. Nos explicaban que hasta hay un dios de la marihuana. Sin embargo hay 3 dioses principales, Brhama, Bishnu y Shiva, dioses de la creación, la protección y la destrucción, respectivamente. Los nombres los terminamos aprendiendo por cansancio ya que hay muchos templos dedicados en su honor.
El guía nos explicaba que budismo e induísmo tienen varios puntos en común con el induísmo, por ejemplo ambas religiones creen en la reencarnación. También nos decía que mucha gente en Nepal era budista e induísta a la vez, que Nepal era una mezcla de pueblos y que había logrado convivir mezclando elementos de las distintas religiones y culturas.
Una tradición muestra de ello es el caso de la diosa niña,
Ella es elegida dentro de un grupo de niñas pre-seleccionadas  por su belleza y otras características por sus padres. La manera de elección a cualquier occidental le resultaría cruel: parece que las meten en un cuarto con cosas horribles y la que menos se asusta es la que resultará “electa” para que la diosa haga usufructo de su cuerpo durante unos años (hasta la primera menstruación de la niña).
La niña candidata debe ser budista en su niñez pero la diosa que se apodera del cuerpo de la niña es hindú, loco no?.  Durante el tiempo que la niña sea diosa viviente debe vivir en un palacio y no puede salir salvo ocasiones especiales, aunque su familia puede entrar a visitarla y estar con ella. Nosotros tuvimos la oportunidad de entrar al palacio y verla aunque nos prohibieron sacarle fotos.
Cuando la diosa abondona el cuerpo de una niña y se va a otro, la ex diosa viviente puede hacer vida normal, volver a su casa, casarse, etc (aunque a nosotros nos resulta dificil creer que una niña pueda ser muy normal luego de haber pasado la niñez encerrada y “poseída” por una diosa).

De Katmandú nos fuimos al parque nacional de Chitwan, el parque más grande de Nepal. Fueron dos días intensos pero sumamente disfrutables. Bueno, en breve les cuento más.

martes, 7 de junio de 2011

Cuando a Dios se le dio por repartir paisajes, tailandia estaba primera en la fila


Hola a todos, acá estoy vivita  y coleando. Perdonen por tantos días de incomunicación. En este momento estamos en el parque nacional de Chituan , en el corazón de Nepal. En Phi Phi no tuvimos Wifi gratis, ni  en Bangkok , ni en el río Kwai,  ni en Katmandú (la capital de Nepal) tampoco. Los costos de internet en los hoteles, cuando tuvimos, eran bastante altos por lo que no me había conectado. Aunque parezca mentira estar en un hotel cuatro estrellas no te brinda ese servicio (es más, lo cobra bastante caro).
Para cerrar la parte libre de nuestro viaje tuvimos "vacaciones" en Phi Phi, Thailandia. Nos sirvió para irnos acostumbrando a la dinámica de un grupo más grande y a volver a estar rodeados de Uruguayos y a acordarnos que ya no podemos gritar ni decir cualquier disparate por la calle con total impunidad. Literalmente copamos la isla de uruguayos.
Phi Phi es una Isla chiquita, que podés caminar de punta a punta, con calles angostas y de adoquines. Sólo andan bicicletas y carros por las calles. Después de una semana de estar allí nos resultó raro volver a ver autos y motos.
Esta isla fue una de las islas de Tailandia más golpeadas por el Tsunami en 2004 junto con Phuket y otras islas menos conocidas. Se ve que la posibilidad de que pasen este tipo de catástrofes bastante alta, por lo que actualmente hay carteles por todos lados que señalan la ruta de evacuación para estos casos.
Desde las escaleras de evacuación se puede llegar a los view point, donde se tiene una vista panorámica de la isla preciosa y se puede ver la isla “dibujada” desde arriba.
Con los días les fui tomando cariño a los tailandeses, que al principio me calleron bastante mal. Veníamos acostumbrados a que nos trataran como reyes, sobre todo en Vietnam y Camboya (a veces hasta con exceso de amabilidad) y el cambio se sintió. Los tailandeses son mucho menos simpáticos que los vietnamitas o los camboyanos. Muchas veces me dió la sensación de que están cansados de los turistas. Con el grupo que me quedé en Phi Phi tuvimos  un incidente apenas llegamos, ya que no veníamos con alojamiento reservado sino que llegamos a regatear el alojamiento. En el primer alojamiento que estuvimos no pudimos hacernos entender y la señora que nos atendió primero nos dijo que sí y luego, una vez que ya habíamos dejado las valijas, nos echó. Al grito de "check out, check out" , "I have better people than you" nos hizo desalojar el hostel.
Por suerte conseguimos otro lugar cercano y más lindo a un buen precio y la dueña del hostel era una crá.

La primera impresión de la playa fue un poco decepcionante, ya que  bajamos a la más cercana, cerca del centro de la ciudad. Esa playa no sólo que es demasiado llana y hay que meterse mucho para que el agua te llegue a la cintura, sino que aque sedemás está bastante mugrienta, ya que la mayoría de los boliches están en esa playa y la gente es bastante sucia.  Aún así cuando se habla de belleza en tailandia todo es muy relativo. La playa más fea de tailandia le pasa el trapito a cualquier playa Uruguya,je.









Particularmente una  de las playas que más me gustó fue Long beach. No soy muy buena para la descripción de paísajes, así que les pongo una foto para que se imaginen de que hablo. Eso si, la caminata hasta esa playa era agotadora, por lo que fuí una vez en toda nuestra estadía.
Un día hicimos un tour que se conoce como el tour de las siete islas. Salimos por la mañana y volvimos de noche; visitando las islas más conocidas y parando para hacer snorkel en algunos lugares. Una de las islas es muy conocida porque ahí se filmó la película La Playa, de Dicaprio. La playa se llama Maya beach y la llegada y la salida de la isla merecerían un mail aparte porque estuvieron bastante complicadas.


 Para llegar a la isla hay necesariamente que nadar porque la corriente sobre la costa es tan fuerte que los barcos no se pueden arrimar. La corriente te revienta contra las rocas. Ahí me gané otros moretones. De todas maneras vale la pena la travesía ya que la playa es espectacular. Me hubiera gustado que hubiese estado vacía o con poca gente. No pudo ser porque éramos como doscientos.
Otra isla espectacular, y que daba para quedarse es la isla Bamboo, a la que fuimos en kayak desde el barco. Estuvimos apenas unos segundos en esa isla increíble con un agua hiper transparente y una arena super blanca.  Daban muchas ganas de quedarse, por lo menos a pasar el día.
La noche y la joda en Phi Phi está muy buena, aunque como en todos los países que hemos visitado hasta ahora, termina temprano. Hay una serie de boliches en la playa que están muy buenos, aunque dejan una mugre interesante en la orilla que nunca termina de limpiarse. En Phi Phi salimos casi todos los días por lo que repuntamos en lo que se refiere a salidas nocturnas, donde veníamos bastante flojitos.
En la noche se ve de toooodo, hay muchos travestis (conocidos también como lady boys), prostitutas y extranjeros de todas partes. Se ve que por lo menos en ese mercado se cumple la ley de Say,je.

Lo que vimos en Phi Phi fue sólo cosa de niños comparado con lo que se ve en Phuket, otra isla de Tailandia, donde el comercio sexual está salado. Estuvimos unas pocas horas en esa isla, apenas pudimos ir a la playa a ver el atardecer y luego salimos de noche a cenar y a conocer su “movida” nocturna. Existe una calle, algo asi como la zona roja Tailandesa, en donde encontrás de todo: mujeres bailando en  los caños de casi todos los bares, porno shows, sex shops , travestis, prostitutas, etc. (como diría papá “ está como para aprontar el mate, la silla plegable e ir a sentarse a contemplar ese espectáculo”). Obviamente si bien es algo “pintoresco” tiene su costado dramático, cuestionable ,y no se hasta que punto, ilegal.

En Phuket estuvimos sólo un día y de ahí volamos a Bangkok, ciudad donde ingresabamos al grupo de viaje y abandonabamos la modalidad libre.
El cambio en la manera de vivir el viaje ha sido bastante drástico. Pasamos de quedarnos en hostels, con habitaciones a veces de 9 camas, a veces con un colchón tan finito que se sentían las tablas, a hoteles de lujo con baño privado, camas inmensas y super cómodas, piscina, desayunos buffet y toda una serie de comodidades que no teníamos.
Pasamos de quedarnos en hostels que estaban en unos callejones que nadie conocía a hoteles tan importantes como el Twin Towers  en Bangkok, que figura en el mapa turístico de la ciudad.
A pesar de toda esa comodidad, de la que estamos disfrutando, sigo reivindicando la parte libre como sumamente recomendable. Más allá del ahorro que implica, lo recomiendo como manera de conocer y de vivir el viaje. La interacción con la gente, la forma de moverte, los lugares donde te quedas, te permiten conocer mejor las distintas realidades que visitas. Además, hablabamos con una amiga que el hecho de tanta comidad te achancha, te dan menos ganas de salir del aire acondicionado del hotel, o de la piscina.
En Bangkok, nos pasó un poco eso. Nos quedamos varias tardes en la piscina del hotel haciendo la plancha. Hicimos los paseos turísticos, visitando los principales templos, el palacio real y alguna cosa más y en los días libres fuimos a recorrer mercados locales. Fuimos a un mercado de fin de semana muy bueno, con una variedad enorme de cosas; fue muy disfrutable, más aún porque yo al menos no tenía ninguna expectativa al respecto y estaba bastante harta de los mercados donde se repetían las mismas chucherías muchas veces.
Bangkok resultó ser una ciudad bastante sucia, con un sistema de alcantarillas, que no se si funciona, pero que emana un olor horrible y con bastante mugre en las calles. Fue la ciudad donde menos caminamos y donde más ratas vimos (esa fue la razón principal para no optar por andar a pie). Además estos simpáticos animalitos lejos de huir de nosotros caminaban lo más panchos por las calles, incluso en pleno día. Es más, en la piscina del hotel, que era un verdadero lujo, apareció una rata que no pudimos corretear ni siquiera a chancletazos. Tuvo que venir una persona del hotel a sacarla pero lejos de matarla la agarró con un pañuelo y la deposito entre las plantitas, lejos de los uruguayos.

Desde Bangkok hicimos una escapada de dos días al río Kwai, que se las cuento en el proximo mail.

martes, 24 de mayo de 2011

CAMBOYA...reconstruyendose

Estoy contenta de haber decidido hacer este país libre , es decir hacerlo sin la masividad del grupo de viaje, porque nos permitió poner los pies un poco más sobre la tierra y no enfocarnos solamente en los puntos turísticos.
Cruzar en ómnibus de Ho Chi Minh a Phnom Penh fue una experiencia fuerte, pero me alegro de haber elegido hacer frontera terrestre. Apenas cruzamos la frontera se sintió el cambio. Si bien Vietnam es un país pobre Camboya es mucho más. Ya en la frontera tuvimos una pequeña muestra de lo que se venía. Se nos acercaban muchas personas a vendernos cosas a través de la ventana del ómnibus o a pedirnos que les dieramos dinero.
A mi me pasó que una mujer viejita se acercó a la ventana de mi lado y comenzó a pedir, haciendo señas y pidiendo comida. Es díficil saber que edad tenía exactamente pero a decir por la mirada tenía como 100 años. En Vietnam no nos había pasado una sola vez que nos pidieran plata o comida, si bien nos habían querido vender todo tipo de cosas en cualquier lado. La mujer tenía un turbante en la cabeza gris , la piel curtida por el sol y creo que no le quedaba ni un diente. La mirada te desgarraba. Se me cerró el estómago por un buen rato después de eso..
 A poco rato de pasar la frontera tuvimos que cruzar por un río, pero no a través de un puente sino en balza. Vimos como la gente cruzaba de todas maneras, caminando, en moto en unas camionetas atestadas de gente donde la gente iba apretadísima, sentada una arriba de la otra, muchos de ellos comiendo, durmiendo.
El recorrido por las carreteras, a pesar de que eran puro pozo y que vimos un ómnibus y un camión que habían chocado hacía poco rato, estuvo bueno. Un par de días después hablando con un guía en Siemp Raep nos enteramos que los accidentes de tránsito son una de las primeras causas de muerte en Camboya; por suerte nosotros no entramos en la estadística. Todas las casas en el área rural, están construidas como palafitos, para evitar que se inunden.  Son todas del mismo estilo, madera, techo de paja y todas tienen adelante una especie de excavación, supongo que será para evitar que el agua corra y se lleve todo.
Llegamos a Phnom Penh y nos esperaba un cartel, con el nombre de una amiga para llevarnos al hostel en tuk tuk. Viajar en tuk tuk no es una experiencia apta para cardíacos. El tuk tuk es el medio de transporte más común, sobre todo para recorridos cortos y también es objeto de regateo. Con los mismos “tuk tukeros” nos fuimos luego a recorrer la ciudad previo desembarco en el hostel (que como dato anectdótico no tenía camas, solo colchones tirados en el piso).
Fuimos al Museo del Genocidio y luego a un campo de exterminio en las afueras de la ciudad. Yo pensaba que mi capacidad de horrorizarme había llegado al límite en el museo de la guerra de Vietnam, pero me di cuenta que había lugar para más.
El actual museo del Genocidio fue en otros tiempos una escuela importante, pero en 1975 con la llegada del gobierno comunista a Camboya (el régimen de los jemeres rojos) se utilizó como centro de detención,tortura y muerte. Un hombre conocido como Pol Pot, era  el secretario general del partido comunista y lider del proceso. Bajo su régimen se cometieron innumerable cantidad de asesinatos en busca del “enemigo oculto” (entiendase enemigo oculto todo lo que tuviera que ver con el capitalismo, occidente y sus instituciones). Con esa bandera mataron a todo tipo de gente: niños, intelectuales, obreros, soldados, extranjeros y cualquier ser que les resultara sospechoso o molesto.
Ahora ese lugar está abierto para el público. Entrando se pueden ver en el primer piso los cuartos de tortura donde ataban a las personas; permanecen incluso las camas donde los ataban, las cadenas, todo.
No es una reconstrucción, todo está tal y como era. Las camas están comidas por el herrumbre, las paredes gastadas, los elementos de tortura están a la vista. Parece como si el lugar hubiese sido echado al abandono de golpe. Creo que no me voy a olvidar nunca del color amarillento de esas paredes .
Si no recuerdo mal entraron más de 20.000personas a ese centro de tortura y sólo 7 salieron vivas de ahí. Los tipos llevaban fichas y fotos de cada uno de los interrogados hasta que morían y durante el proceso de tortura.
Del museo del Genocidio nos fuimos a un campo de exterminio, a unos cuantos km de ahí. El lugar fue uno de los mayores campos de exterminio del país. Ahora está convertido en un parquecito tranquilo, lleno de árboles pero en donde se conservan todas las huellas de la masacre. Se pueden ver las fosas comunes y en una de ellas se pueden ver restos de huesos. Lo más horrible de todo es un árbol, si, un árbol donde estrellaban a los bebés para luego tirarlos a las fosas. En todo el parque hay carteles pidiendo silencio y respeto por las víctimas, aunque en nuestro caso no fue necesario que nos pidieran silencio.
Se calcula que en los años que duró el régimen de Pol pot murieron unos 2 millones de personas, aunque la cifra no se conoce con exactitud.
Hablabamos con una amiga que es admirable que un pueblo pueda reconocer tan abiertamente lo que hizo, lo que sufrió y poder mostrarle a las futuras generaciones y al mundo que no quiere volver a repetir eso nunca más.
En Phnom Phem estuvimos solo un día, y no nos dio para recorrer mucho más. De todas maneras para mi valió mucho la pena. De Phnom Phem partimos a Siemp Raep de nuevo en ómnibus. Estas dos ciudades son bien distintas. Siemp Raep es mucho más chica y mucho más turística. A pocos kilómetros está una de las mayores atracciones del país: el conjunto de templos de Angkor que recibe millones de personas al año. Una muy buena decisión fue haber contratado un guía para recorrer los templos. Su historia personal nos asombró tanto como el lugar. Su vida también estuvo marcada por la guerra donde, entre otras cosas, perdió a dos hermanos. Lo que más me chocó era que el no sabía exactamente su edad y su madre tampoco podía recordarlo, dado que habían sido separados durante la guerra y se reencontraron muchos años después.
Para los que no les gusta leer cosas tristes,como a mi tía teresa, les informo que les doy un respiro. De camboya nos a Malasia y de ahí nos vinimos a pasar unas mini vacaciones en las playas de Tailandia antes de la entrada al grupo de viaje. Acá sólo playa, sol y cerveza, je.




sábado, 21 de mayo de 2011

EL SUR, HO CHI MINH

Ho chi Minh o Saigón, fue la capital del sur de Vietnam hasta la reunificación del país en 1975; actualmente es la ciudad más grande del país... y se nota. El tráfico está salado, a tal punto que los mismos vietnamitas lo destacan como un ícono de la ciudad.Es muy común ver en los mercados  la remera de "Saigón traffic" donde hay,en una esquina cualquiera, un millón de motos esperando que cambie el color del semáforo para avanzar.

No sabemos donde viven todos esos millones de personas, suponemos que en los suburbios de la ciudad, porque en la parte que nos movimos no vimos tantas casas o apartamentos como para toda esa gente.

Otro ícono de la ciudad es el cableado eléctrico, en cada esquina hay una maraña negra de cables imponente que hace ver al cableado de la ute como una maravilla del desarrollo.

Saigón tiene el bullicio y el ritmo de las grandes ciudades y el olor a comida y a las alcantarillas  te hace recordar bastante a China, sin embargo la gente es bien distinta. Con todo, fue la ciudad que más me hizo recordar a China, por sus mercados de regateo, la comida en las calles, los olores.
Es una ciudad cargada de historia, una historia bastante conflictiva y reciente.Yo venía  con bastante "sed" de historia del país, ya que la mayoría de los días anteriores nos habíamos dedicado básicamente a disfrutar de la playa, de las islas y del sol.Fuimos al museo de Ho Chi minh, al Museo de la guerra y al palacio de la reunificación.
El museo de la guerra me dejó agotada,angustiada y sientiendo aún más admiración por los vietnamitas. No pude terminar de recorrerlo; fue demasiada crudeza junta en un sólo lugar.
A medida que iba subiendo los pisos del museo, la cosa se iba poniendo peor. Mutilados por las bombas, heridos, relatos de las víctimas, confesiones de los militares. En el último piso que recorrí cuando pensé que nada podía ser peor, estaban las fotos de los niños que habían nacido con deficiencias o retardos debido a la exposición directa o indirecta a la contaminación y a los agentes tóxicos que tiraron( como el Napal) y cómo eran sus vidas ahora.
No han pasado todavía 40 años desde que terminó la guerra pero no parece haber rencor de la gente del país, ni  hacia el extranjero en general ni hacia los Estados Unidos en particular. Quizá sea porque ante la mirada internacional fue estados unidos el que no pudo contra este paisito, quizá porque los vietnamitas realmente quieren mirar para adelante.
Trato de imaginarme que hubiera pasado si hubiese ocurrido un conflicto similar en Uruguay pero no puedo.  Nosotros aún tenemos una herida abierta por la dictadura que está lejos de cerrarse; no puedo imaginar como un país puede seguir adelantante habiendo sido invadido,arrasado y masacrado...
En vietnam todavía siguen naciendo niños con problemas derivados de las armas químicas que se tiraron en la guerra, sin embargo la gente no transmite ningún sentimiento de odio,de rechazo o de resentimiento. Después de ver las imágenes del museo de la guerra, siento todavía más admiración por ellos.
 En la planta baja del museo hay documentos de toda la comunidad internacional que manifestaban en su momento el apoyo a Vietnam y el rechazo general a la guerra y la ocupación norteamericana. Me dió mucha rabia pensar que los organismos supranacionales son más de ornamento que otra cosa, que si bien la mayoría de los países se manifestaban en contra de la guerra, una vez más, cuando uno de ellos es grande, hace lo que quiere.
Ha sido dificil darle un tono alegre  a este cuento, ya que  no hay manera, pero en lo personal creo que no estaría completo un relato de vietnam que se limitara a hablar de los lindos  paisajes y la gente amigable.